Entre todos los aficionados a la crÃa de tarántulas es bien sabido que la mayorÃa por no decir todas las tarántulas africanas, (sobre todo las pertenecientes a las familias Harpactirinae, Stromatopelminae y Eumenophorinae con algunos géneros muy representativos en la aracnocultura) son arañas tremendamente agresivas. Uno de los máximos representantes de este comportamiento son los integrantes de Pterinochilus y Heteroscodra, cualquier persona que haya tenido en u colección alguna de estas arañas habrá podido comprobar de lo que estoy hablando, estas arañas no dudan en hacer frente a cualquier tipo de ameñaza, estridulando, levantando su primer par de patas hasta casi darse la vuelta y lanzando estocadas a diestro y siniestro. Personalmente he tenido la mala fortuna de ser mordido por un ejemplar juvenil de unos 4 cm de Pterinochilus murinus, y comprobar en mis carnes que las amenazas que exhiben continuamente si se les molesta no son infundadas. En esta ocasión querÃa reseñar una particularidad de estas especies, y es que siendo tan agresivas podrÃa parecer que el comportamiento de la hembra frente al macho, que en primera instancia desde la perspectiva arañil no es más que un “extraño” o una “presa”, es sumamente pacÃfico, hasta tal extremo en que la hembra se deja seducir por el macho en la mayorÃa de las ocasiones y rara vez muestra comportamientos agresivos con su partenaire. Podemos decir que el cortejo de estas especies es bastante corto y directo, y apenas dura unos minutos.
En esta ocasión un macho procedente de Sevilla, del criador Pablo Delgado llego a casa el jueves cedido para intentar la reproducción con mis dos hembras adultas. El macho habÃa realizado la muda de adulto aproximadamente un mes atrás y partÃamos de la hipótesis de que ya habÃa construido la tela espermática en su anterior hogar, ya estaba listo para la cópula. El jueves apovechando la visita de Carlos Soto y de Sergio Salas para hablar de bichos y de informática, cambié el macho del recipiente original del viaje a uno definitivo. Durante el cambio y bajo petición ajena intentamos un conato de cópula con una de mis hembras que se encontraba alojada en un recipiente que permitÃa su observación directa (Heteroscodra es un género muy tejedor) al tratarse de una especie bastante nerviosa y agresiva nuestra primera impresión era de que el macho iba a salir corriendo o iba a ser atacado por la hembra. Nos pertrechamos con pinzas y varillas en previsión. Cuando sacamos al macho y lo depositamos en las inmediaciones del refugio de la hembra, la primera reacción fue quedarse quieto, trascurridos 30 segundos ya estaba tamborileando en el suelo y acercandose a la hembra que tambien habÃa detectado al macho y le acompañaba en la aproximación. La cópula fui tÃpica y duró menos de un minuto, el macho bloqueo los quelÃceros de la hembra, la levantó e introdujo alternativamente los dos bulbos en el epigino femenino, después de esto la hembra aviso al macho “cortésmente” con un par de golpes que indicaban que habÃa concluido su relación y que apartir de ese momento ya no era bien recibido. Los tres nos quedamos fascinados de que siendo una especie tan agresiva, la cosa marchara tan bien. Con otras especies africanas como Hysterocrates, Ceratogyrus o Pterinochilus me han pasado cosas similares algo que siempre e ha dejado sorprendido teniendo en cuenta la naturaleza particular de estas especies.
No escarmiento, ya me paso una vez con Acanthoscurria y se ha vuelto a repetir. Ayer terminaron de mudar mis ninfas N2 recientemente eclosionadas de Nandhu coloratovillosum, como la mayorÃa de las Theraphosidae esta especie es sumamente polÃfica a la hora de alumbrar sus crias y una vez que salen de la ooteca se arremolinan en una esquina de la madriguera con la más absoluta de las pasividades a la espera de realizar la muda que las lleve a la fase juvenil.